Febrero y Carnaval

La mujer que me atendía en el mostrador llevaba en la frente una cruz negra dibujada con ceniza y reía estruendosamente  de un chiste impreciso, recordé que es cuaresma  y me percaté de que convivo con tradiciones que, por indiferentes, me son desconocidas.

Así que traté de enterarme de algo, más allá de que con la cuaresma el cuerpo se prepara para la resurrección de Cristo y, en verdad, los resultados de mi investigación me dejaron menos ignorante e igualmente indiferente.

No es nomotético que se dejen  de hacer cosas, por unos días, que la fe que se profesa censura siempre, como no comprendo ciertos comportamientos humanos me dejo llevar por los que sí comprendo y aplaudo, el Carnaval, que precede a la Cuaresma, que autentifica la actitud de rebeldía ante la prohibición, que permite ejercer el libre albedrío sin consecuencias. El hombre se resarce por anticipado de la austeridad, la abstinencia y la mortificación impuestas.

Un dato de la citada investigación, los reyes españoles, que al parecer odiaban la continuidad y la coherencia, al igual que los políticos actuales, no se ponían de acuerdo en lo de la conveniencia de las máscaras, en la España de la Conquista ya era costumbre disfrazarse en determinados días con el fin de gastar bromas en los lugares públicos, en 1523, Carlos I dictó una ley prohibiendo las máscaras y enmascarados, Felipe II las prohibió de nuevo y Felipe IV restauró su uso.

1936 Baile de Máscaras

En fin… es febrero y  el hombre vivió otro Carnaval, yo añoro el Baile de máscaras del Círculo de Bellas Artes en Madrid. Mi Madrid, que sabe de enterrar sardinas y rezar en Cuaresma, pero ignora la rutilancia de la ilusión.

En la acera, las parejas desfilan  por la alfombra oscura del invierno húmedo el renacimiento de esta tradición,  la gente viste la excitada fantasía del exceso, es indispensable, es exigido, se aprestan a aprovechar una vez más que en la noche del Carnaval todo vale y vivir la excitación de las permisivas máscaras.

¿Qué es esta suerte de añoranza por algo que no viví?

Ahora, en este país tan nuevo, que escribe con mayúsculas los meses, esa es la única reverencia que hago a Febrero, al Carnaval y, me pregunto cuántos años tiene el Sauce del lago y si las ardillas son una especie de antes de Colón o recién llegadas como yo.

by FAS



4 Comentarios

  1. aD wrote:

    Creo recordar que este año ha sido realmente “mi primera vez” de carnaval, y la verdad que he ido a lo grande, al Círculo :)
    He pasado por esa alfombra rodeada de trajes exagerados de personas que parecen vivir para ese día. Dentro, se nos han pegado tipos como tu dices, “excitados por la permisividad de la máscara”. El ambiente transmite “permisividad” absoluta. Todo vale, da igual quien seas, un señor de 50 años distinguido por la mañana lo descubres moviendo las caderas al ritmo de la música por la noche (algo que nunca hubieras imaginado por la mañana). Otro de mediana edad sin grandes dotes para llamar la atención en ninguna otra noche, hablando y riendo con un grupo de chicas e intentando meter mano a alguna (hasta que llega su novio). Un grupo de intelectuales dejándose llevar por la alegría contagiosa y la risa floja.
    Así es Carnaval, supongo.
    Una experiencia, pero continuará no siendo una de mis fechas señaladas favoritas.

  2. aD wrote:

    Si hablamos del Carnaval, sí jaja… desde fuera todo se magnifica.

  3. Prueba, Gise, a escribir como “anónimo” o con seudónimo… ponte una máscara para responder este comentario mío… no que te conviertas en otra persona o robes otra identidad: sencillamente una máscara…
    la máscara tiene la aparente virtud (si es que puede ser virtud no ser uno mismo) de despojarte de la responsabilidad…
    la máscara no es simulación, es amoralidad…
    en su función más común la máscara es el discurso de los demagogos y los hipócritas, los políticos y los farsante distribuidores de ideologías…
    en su peor variante la máscara es la coraza de los asaltantes, los ladrones, los terroristas, los violadores…
    en su última instancia la máscara es como un polígrafo o un espejo…

    mi máscara es Rubén Aguiar Muñoz

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